Palindrómico
-¿Acaso hubo búhos acá? Decime, María! ¿Quién?, ¿Quién estuvo?-
La puerta estaba entreabierta, María no era una doncella y eso, el viejo miope, no podía comprenderlo.
-Búhos… Y hasta lechuzas!- Gritó María.
María, puta, libre y felíz, empujó al viejo y se fue con la esperanza de que algún carroñero la abrace.
-Oirás orar a Rosario!!!!- Gruñó el viejo, maléfico.
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