Entradas

Tambores del pacífico

Siempre estoy allá, en la parte más remota posible. No quiero que me encuentren. Anhelo la soledad. Entonces estoy allá .  Ahora lo apalabro. Trato de no existir: recurro al alcohol, quizás al encierro, alguna manera/forma de anestesia. -¿Todo agua es transparente? Impacto    Bala    Sonar -Merecés ahogarte Desborda la vegetación -Acá también No hace falta construir magia a quien odia, nunca aprendo. Solo puedo leer la estrellas. -No hacía falta. Después de todo el drama, llega el momento de silenciarme. "Otra vez" pienso.                                                                                                                               AUTOCA...

Piel y memoria

 Las líneas blanquecinas que saludan en mi piel,  cicatrices que responden a un hecho. La superficie posee lenguaje propio, pero en el corazón todo se desploma. Perder la cordura no es la solución.  allí sigue latiendo. Circula la vida, toda la vida lágrimas, sonrisas, tal vez decepciones. Secuencias en el tiempo que marean son invisibles y las injusticias duelen para siempre.

Procesos (2019)

Imagen
 Percibimos los procesos como un "algo que ocurre" de manera invisible. Nos han enseñado que lo procesual no existe. Siempre es una llegada, un fin, una lucha ganada o perdida. Un pasado que no tiene sentido de ser contado. Nuestras lucha no importan, lo aplicamos a nuestra percepción, a nuestra manera de construir realidades. ¿Cómo nos sentimos? La práctica de reflexionar se volvió privilegio. Profundizamos de forma limitada. Quiero huir, adentrarme de nuevo a los pensamientos en los que la inocencia y la esperanza fluían continuamente. Y AHORA, NADA                                                                                                DESAPARECER AÚN SIN PODER ESCRIBIR                   ...

Poéticas de la espera I

 Siempre espero que llegue el jamás y me estanco. Duele el despertar en los días grises, las hojas entorpeciendo el paso. Pateo con asco, grito, grito tan fuerte que no me escucho. Pero espero siempre espero. Tal vez, un día todo esto pase.

Tuvalú (1999) de Veit Helmer

Imagen

Autoboicot

La rutina agobiante, los amaneceres cálidos del verano, el uso incorrecto de los tiempos verbales. Una noche cualquiera, al azar, estoy escribiendo sobre el maravilloso espacio que me brinda la imaginación. Espacio donde los pensamientos escupen realidad. Ya no soy la niña de ayer, la que soñaba con banalidad e iluminación. Los pies en la tierra y gritar. Las limitaciones de plasmar lo que pasa por mi mente. Resucitar, una y otra vez, todo lo que haga falta. Morir, regresar y reflexionar. Repensar hasta el hastío, decir basta. Circularidad, porque me exige la cabeza, y también mi cuerpo, mi viejo cuerpo, ya cansado de tanta toxicidad pero aun continua y pide más. Por todas aquellas veces que escribí y callé, silenciarme es siempre la opción más rápida. Permanecer quieta, lagrimeando y mirar al techo, rogando que ese amanecer, el del verano, vuelva con su rutina, imponiendo los límites porque sino mi mente también lo hará. Hasta acá, hasta acá.

El despertar por Alejandra Pizarnik

Imagen
Señor la jaula se ha vuelto pájaro y se ha volado y mi corazón está loco porque aulla a la muerte y sonríe detrás del viento a mis delirios Qué haré con el miedo Qué haré con el miedo Ya no baila la luz en mi sonrisa ni las estaciones queman palomas en mis ideas Mis manos se han desnudado y se han ido donde la muerte enseña a vivir a los muertos Señor el aire me castiga el ser Detrás del aire hay monstruos que beben de mi sangre Es el desastre Es la hora del vacío no vacío Es el instante de poner cerrojo a los labios oír a los condenados gritar contemplar a cada uno de mis nombres ahorcados en la nada (...) Señor Arroja los féretros de mi sangre Recuerdo mi niñez cuando yo era una anciana Las flores morían en mis manos porque la danza salvaje de la alegría les destruía el corazón Recuerdo las negras mañanas de sol cuando era niña es decir ayer es decir hace siglos Señor La jaula se ha vuelto pájaro y ha devorado mis esperanzas Señor La j...

Agosto del 19

Me prometí dejar de llorar algún día. Fracasé ante tal absurdo. Corrí, busqué indefinidamente ese día, no lo encontré. Me moví más rápido que el tránsito, pero me agoté fácilmente. Dejé que mi cuerpo vuele con la brisa de las 6 a.m, el reloj nunca dio esa hora. No comí por días. Las breves horas de sueño eran un continuo de escenas metatextuales, metacotidianas, autoplagio, reflejo de mi inalcazable búsqueda. El día en que ya no llore más , pensaba. Una y mil veces. Fijé   los ojos en las las nubes, las perseguí hasta el horizonte. De repente, un borde visual. Hasta ahí.   Sin aliento y fuerzas, volví al punto de partida y lloré. Las lagrimitas se agolparon en el párpado inferior, amenazando con invadir mi rostro.

yo es otrx

Observé mi reflejo, mi rostro y su quietud. “No soy”, me dije. Entonces arranqué algunos dientes. Me quebré el tabique hacia el lado izquierdo. Afeité la cabeza. Ingerí papas fritas excedidas en aceite rancio hasta vomitar. Voy a gritar. Grito. “Quiero un espejo”. Y ahí estoy, soy.

Busco soluciones para comenzar una nueva etapa

Los motivos que me urgen en este momento: respuestas. La negación constante de mi propia vida resulta indispensable para bloquear todo resultado de búsqueda, de autobúsqueda. En el espacio del psicoanálisis, la niña que siempre quise evidentemente no es la misma niña que fui. ¿Puedo ser la adulta que soñé de niña, niña que quise ser? La diversidad de SER que quise, las múltiples existencias de lo que soy en tanto soy mujer, hija, amiga, novia, vecina, ciudadana y toda esa gilada. Debo aclarar que la niña   que quería, que supone una adulta soñada, es la antítesis de la existente en este plano real, es decir, yo. Miraba programas dirigidos a amas de casa habilidosas, tenía 10 años y proyectaba lo que quería ser. Manualidades, cocina, pastelería, pinturitas, maquillaje, cosmetología, manicuría, masajista, luego vino MTV, otra vez la guitarrita. Todo eso no lo fui. Lo proyecté pero me desvié. La vida es diversa, por eso mismo. Mi duda es el poder volver sobre lo proyectado si...

Milonga de Jacinto Chiclana

Me acuerdo, fue en Balvanera en una noche lejana, que alguien dejó caer el nombre de un tal Jacinto Chiclana. Algo se dijo también de una esquina y de un cuchillo. Los años no dejan ver el entrevero y el brillo. ¡Quién sabe por qué razón me anda buscando ese nombre! Me gustaría saber cómo habrá sido aquel hombre. Alto lo veo y cabal con el alma comedida; capaz de no alzar la voz y de jugarse la vida. (Recitado) Nadie con paso más firme habrá pisado la tierra. Nadie habrá habido con él en el amor y en guerra. Sobre la huerta y el patio las torres de Balvanera y aquella muerte casual en una esquina cualquiera. Solo Dios puede saber la laya fiel de aquel hombre. Señores, yo estoy cantando lo que se cifra en el nombre. Siempre el coraje es mejor. La esperanza nunca es vana. Vaya, pues, esta milonga para Jacinto Chiclana.

La complejidad del cuerpo

Ante una figura bastardeada, golpeada, violada y cosificada por siglos y siglos, es hasta redundante la problemática de nuestra percepción hacia nuestros cuerpos. Son deformes, flacos, gordos, huesudos, celulitis, arruguitas… la alta, la petisa, la que calza 41 y la que calza 36. Esas etiquetas tan siniestras que persiguen un único objetivo: odiarnos. Odiarnos para generar más consumo, tanto económico como sexual. Somos el cebo de toda una ideología que nos termina asesinando. Y si mi pareja no me mata, yo lo hago cuando rechazo la comida, me depilo y sangra, el Estado que me obliga abortar con lo que una tenga a mano, se nos mutila las orejas de bebés, se nos enseña el patriarcado en crudo a través de juguetes específicos Lo que está mal es pertenecer.